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Unforgettable · Elena Castillo Castro


Esta sección es una de mis favoritas, ya que en ella la autora invitada comparte con nosotros una escena que le ha quedado marcada en su memoria. En este caso, tenemos la oportunidad de saber cual ha sido esa escena para Elena Castillo Castro. Elena es autora de diversas novelas cómo son: Baile de Luciérnagas, Mientras el corazón siga latiendo, o Como caído del cielo. 

En este caso, ella ha escogido una escena de su última novela publicada, Soundtrack, la banda sonora de nuestra vida, una novela que leí en 2016 y que me encantó de principio a fin. Si os interesa podéis leer mi reseña aquí. Ahora os dejo con las propias palabras de Elena. 

Unforgettable · Mar Carrión


Que mejor forma de comenzar el año que con una nueva entrada de esta sección en la cual una autora nos explica que escena le ha costado más escribir, y que por ello le ha quedado marcada a fuego en su memoria. En este caso mi invitada es Mar Carrión, autora de libros como Bajo el cielo de Montana, Decisiones arriesgadas y Nada es lo que parece. La forma de escribir de Mar me encanta, así que es todo un honor que se pase por mi desván a explicarnos su escena escogida. Sin más os dejo con sus palabras y su selección. 

Unforgettable · Alice Kellen


Hoy os traigo una nueva entrada de la sección Unforgettable, en la que la autora invitada nos habla de una escena que de algún modo es especial para ella. En este caso mi invitada es la dulce Alice Kellen, que con su pluma tiene enamorada a todas las lectoras de romántica. Ella misma nos comenta qué escena ha escogido, y por qué. 

Me ha costado mucho elegir qué escena me costó más escribir de «33 Razones para volver a verte», porque llevo días dudando entre dos (o tres), como cuando se reencuentran tras cinco años, la primera salida que hacen juntos a Fisherman's Wharf o un momento del final que (si mal no recuerdo) escribí nada más empezar la historia porque tenía clarísimo ese diálogo de Mike. Pero, para evitar spoilers, creo que me quedaré con este instante, uno que para mí fue muy especial por todo lo que simbolizaba; el miedo, la contención, la verdad que escondía...



Quiso abrazarla, pero sabía que no era una buena idea. Respiró hondo y notó las palabras que empezaban a atascarse en su garganta, como siempre. Tenía que sacarlas de allí, tenía que encontrar el modo de dejarlas salir…
—Te he echado de menos —logró decir en un susurro.
Ella permaneció en silencio tanto tiempo que él creyó que ya no diría nada.
—Yo también a ti. En el fondo. De algún modo que ni siquiera sé explicar…
(…) Dejó de hablar de golpe cuando Mike le acarició la mejilla con el dorso de la mano. Y fue una caricia tan pequeña… tan dulce… tan suave…
—Yo nunca quise hacerte daño, pecosa.
Ella parpadeó para contener las lágrimas.
—Pero lo hiciste.
—Lo hice —inhaló profundamente—. Y lo siento. No sabes cuánto. Haría cualquier cosa, lo que fuese, por poder volver atrás y cambiarme a mí mismo, cambiar lo que ocurrió, cambiarlo todo. Pero no puedo, Rachel. ¿Crees que a mí no me duele? Todo lo que podría haber sido y no fue…
—No importa. No sirve de nada remover el pasado. Deberíamos dejar de hacerlo. Deberíamos mirar hacia delante. —Ella cerró los ojos con fuerza.
—¿Eso significa que me perdonas?
Dudó. Mucho. Demasiado.
—Sí.
—Pero no totalmente.
—Te perdono y ya está, Mike.
—Y pretendes que seamos amigos…
—¿Qué es lo que quieres? Dilo de una vez.
Él se acercó más a ella y le rodeó la cintura con un brazo.
—Quiero que entiendas que es imposible que lo nuestro sea como lo que tienes con Jason o Luke. Tú y yo nunca fuimos solo amigos, nunca. Siempre hubo algo más. —Con el corazón latiéndole a trompicones, deslizó una mano por el interior de la camiseta de Rachel y la posó sobre la piel suave y tersa de su estómago—. ¿O acaso también tiemblas cuando te tocan? —preguntó. Se inclinó y sus bocas se rozaron. No llegó a besarla; permaneció quieto, con los labios suspendidos sobre los suyos, tentándola, rompiéndola en mil pedazos. Mike alzó la mano que descansaba sobre su estómago y ascendió lentamente hasta sus pechos, acariciando la piel que se derretía bajo la familiaridad del tacto de sus dedos—. Dime qué sientes.
(…) Antes de cometer una estupidez, apartó su mano y se levantó. Sin dejar de tiritar, clavó sus ojos en los de él.
—No vuelvas a tocarme. Nunca. 

Me viene esta escena a la cabeza porque es de esas en las que te piensas muy bien cada gesto, cada palabra, porque sabes que hasta el mínimo detalle tiene su importancia. Fue el momento en el que Mike dio un paso al frente y se desnudó para el lector. Con Rachel ocurrió justo lo contrario; tras darse cuenta de que seguía siendo vulnerable ante él, se cubrió con otra capa más, protegiéndose.

Y refleja dos cosas que para mí eran relevantes. En primer lugar, que no existe la posibilidad de un triángulo amoroso en esta historia. Rachel jamás sintió nada similar ni por Luke ni por Jason (aunque sé que, al empezar la lectura, muchos pensaron que podría ocurrir algo así). Y en segundo lugar, que a veces intentamos huir de esas emociones que abruman demasiado y creemos que nos hacen «débiles». Si me pongo en su piel, creo que Rachel debió de sentir un miedo atroz al darse cuenta de que seguía sintiendo algo muy profundo y muy fuerte por esa persona que tanto daño le hizo en el pasado. Recuerdo que lo mejor de esta historia a la hora de escribirla fue ahondar en esos sentimientos tan contrarios de los personajes, ver que uno remaba en dirección contraria cada vez que el otro se acercaba, sacar a la luz los rencores, el dolor… pero también los buenos momentos, la amistad, la confianza y el amor.

Alice Kellen
Sin duda es una escena preciosa, una que ocurre cuando las cosas están muy rotas entre Mike y Rachel. Alice no podría haber escogido mejor fragmento para enseñar a quien no haya leído aún el libro lo heridos que están ambos, y cómo Rachel se encuentra en un torbellino de sentimientos. Si aún no habéis leído 33 razones para volver a verte ya estáis tardando. Os dejo aquí también mi reseña por si os pica el gusanillo. Gracias a Alice por su colaboración, como siempre un placer tratar con ella.

¿Coincidís con Alice en la intensidad de la escena? ¿Habéis leído la novela?



Unforgettable - Lola P. Nieva

Hoy os traigo una nueva entrada de esta sección en la que, como sabéis, cuento con la ayuda de una autora para que nos diga cual ha sido la escena que más le ha impactado escribir, o que le haya quedado marcada a fuego en su memoria. En esta ocasión mi invitada no es otra que Lola P. Nieva, autora de obras como Los tres nombres del lobo, Más allá del Temple, y la recién publicada Bruma Azul. Sin más preámbulo os dejo con ella.


En primer lugar, agradecer a Dunia Vidal su invitación a esta original sección y en segundo lugar, felicitarla por tan maravillosa idea.

En cuanto a la escena elegida, bueno, en realidad, podría elegir muchas, pues creo que en casi todas mis novelas hay momentos muy duros que me costó escribir. Pero en esta ocasión, y siendo creo que mi novela más dramática hasta el momento, en Bruma Azul hay gran cantidad de ellas.

Bruma es en sí una historia muy cruda, un drama personal, la historia de una venganza y de una redención. Es la vida de un hombre con una infancia trágica que marca para siempre su destino y cada uno de sus pasos. Un hombre que vive bajo la sombra del odio y el rencor, un alma rota y un corazón surcado de cicatrices. Pero que aún así, logra sacar fuerzas y luz para proteger a los que quiere y enfrentar a los demonios que intentaron convertirlo en un igual hace ya tantos años.

Y tras esta breve introducción paso a compartiros la escena que elegí…


—Desnúdate —añadió—. Quiero contemplar mi creación. La cruel mirada de Lorna refulgió de impaciencia y anhelo.
—Yo no soy tu creación. Tú fuiste mi verdugo, como yo seré hoy el tuyo. —Y eso nos une, Lean —continuó casi en tono reverencial—,como pocas cosas en este mundo. Dicen que el amor crea lazos eternos, que une almas y funde espíritus. Pero también la maldad forja vínculos irrompibles, es una conexión tan imperecedera como el amor verdadero. Porque el odio ata casi más que el amor. Tú no has dejado de odiarme durante los catorce años que has vivido lejos de aquí, y ahora ese odio resplandece en tus hermosos ojos tan crepitante como entonces. Estamos unidos por sentimientos ponzoñosos y oscuros, nuestras almas se enlazaron como la hiedra venenosa trepa un muro, filtrándose por cada resquicio hasta horadarlo, hasta el punto de convertirse en un mismo ente. Si la hiedra perece y cae, el muro cae con ella, y a la inversa. Tú eres mi muro, y ya es tiempo de que caigamos al lugar donde pertenecen nuestras almas: al más negro averno.
—Siempre supe que la locura enturbiaba tu mente, porque nadie en su sano juicio podía alcanzar semejantes cotas de crueldad. Eres tan sólo una mujer perturbada, sádica y maléfica que divaga necedades. Jamás fui tuyo, ni tu obra, ni te debo nada. Lo que soy es justamente a pesar de ti. En efecto, irás al infierno, pero no conmigo, sino por mi mano. Lorna me observó con una expresión intrigante y urgente que me desazonó todavía más. Una gélida sonrisa adornó sus labios con un deje orgulloso.
—Quítate la camisa, Lean. Quiero ver tus marcas. Después te llevaré con Dante.
Abrí el alfiler de mi broche, solté la tira de plaid que me pasaba por el hombro y el trozo de tela cayó por detrás. Saqué los faldones de mi camisa con ademanes bruscos y me la quité por la cabeza lanzándola al suelo.
—Soberbio —alabó prendada, acariciando mi piel con la mi- rada—. Esos dibujos realzan mi diseño. El broche del árbol quedó espléndido. —Me contemplaba con tan abrumadora gratitud que sentí náuseas—. Deberías agradecer todo lo que hice por ti —prosiguió inmersa en su locura—. Yo te convertí en lo que eres, en todo un guerrero, en alguien diferente del resto, en un superviviente. Combatiste contra la muerte y el horror que sembré en tu alma y lograste salir adelante sin perder el juicio ni la humanidad. Tu corazón es más puro que el de ningún otro. Pero, aun así, está condenado. Todo este tiempo has luchado contra el veneno que yo misma inoculé en tu interior, logrando contenerlo. Pero está ahí —señaló con el dedo índice mi pecho—, encerrado en una burbuja esperando que yo la reviente por última vez. Ha llegado ese momento y, aunque haya de sacrificarme con ello, bien vale entregar tu alma al diablo, pues serás nuestro mejor alistamiento. Su desquiciada expresión, su mirada exaltada y su rictus entusiasmado ponían de manifiesto la demencia de su perturbada mente. Me recorrieron insidiosos escalofríos y una pesada opresión se instaló en mi pecho.

Lo que sucede a continuación, me cerró la garganta. Recuerdo con nitidez la angustia y desazón que sentí previamente y cómo ardientes lágrimas surcaban mis mejillas mientras la escribía. Sentí en mi pecho la opresión de un dolor añejo, de la impotencia y la rabia, y me pregunté por qué no me fue susurrada otra cosa. Pero cuando terminé la escena y tras calmarme, comprendí que debía ser fiel a la historia, que sólo en una negrura absoluta se puede apreciar toda la belleza de un brillante amanecer, de un renacer necesario. Fue la bajada a los infiernos del protagonista, de Lean, y aunque dura, fue el principio del final, de un final necesario, de ese punto de inflexión en la historia en la que todo cobra sentido y en la que se ha tomado una decisión transcendental, la de hallar la paz, se encuentre donde se encuentre, aunque mi león siempre supo donde hallarla.

Para conocer el desenlace os invito a perderos entre una bruma azul, llena de misticismo, venganza, amor y aventuras, no será un viaje tranquilo ni apacible, pero espero que a incluso así, logre filtrare en vuestros corazones.

Lola P. Nieva


Para las que no conozcáis la pluma de Lola, creo que ya veréis en su forma de expresarse que es una auténtica delicia leerla. Aún no he tenido ocasión de leer esta última novela de la que nos regala esta escena, pero seguro que lo hago, más pronto que tarde, ya que me llama muchísimo la historia. Si Lola dice que es la más  dramática, no puedo imaginarme hasta que extremo lo será conociendo lo escrito por ella con anterioridad. Gracias de nuevo Lola, por tu generosidad y por haber dedicado parte de tu tiempo a esta entrada, aún estando en medio de la promoción de la novela. 

Podéis encontrar Bruma azul (ficha del libro) ya a la venta en todas las librerías y plataformas de libros digitales, y descubrir si la escena, o la historia,también os queda marcada a fuego. 


Unforgettable - María Martinez


Hoy os traigo una entrada algo especial, y con ella estreno nueva sección en el blog. Una sección en la que quiero que sean las propias autoras las que cobren voz, para contarnos qué escena ha sido la que le ha resultado más difícil escribir, o aquella que le ha quedado grabada a fuego en su memoria. Una escena inolvidable. Así que sin más preámbulo os dejo con la escena que ha escogido mi invitada de hoy, María Martinez. 
Hace un tiempo que Dunia me invitó a participar en su blog con una idea que me pareció de lo más original: elegir entre mis novelas publicadas la escena que más recuerdo o que más me haya costado escribir y marcada a fuego tenga en mi mente.

La escena que primero me viene a la cabeza cuando pienso en ello, se encuentra en Una canción para Novalie. Sé que hay más, tanto en esta novela como en las otras, pero ésta reflejaba un momento clave en la historia que para mí era importante y que mostraba una conducta «reprobable», incluso difícil de entender, por lo que dudé de si debía enfocarla como yo quería y finalmente hice. Os muestro unos párrafos previos a ese momento:


«Nick regresó al coche. Le ardían los pulmones, al igual que los ojos. La rabia y la impotencia eran una bomba de relojería a punto de explotar en su interior. Durante unos minutos el dolor fue insoportable hasta que lo reemplazó la ira. Golpeó el volante y profirió una sarta de obscenidades que ni él mismo sabía que conocía. Con el puño golpeó el techo y de nuevo el volante.

Aceleró y enfiló el camino que conducía a la mansión de los Grieco. Aparcó junto a la fuente y se quedó sentado con el motor en marcha. Su mente seguía sumida en un torbellino de ideas, ideas que amenazaban su buen juicio y lo provocaban para cometer un sinfín de disparates. Continuaba poseído por la rabia y no había nada que lo calmara. Su mundo se derrumbaba sin remedio. No quería pensar en nada… El mejor verano de su vida se había convertido en una pesadilla y necesitaba salir de allí. Tenía que dejar la isla cuanto antes, alejarse para siempre; porque no pensaba regresar.

El reflejo del espejo retrovisor le devolvió la mirada. Jadeaba con fuerza y tenía un aspecto enloquecido. Lo había perdido todo y no tenía ni idea de cómo. Cerró los ojos con fuerza. Tenía grabados a fuego los delicados rasgos de la cara de Novalie, las curvas de su cuerpo desnudo, el olor de su piel.

Bajó del Jeep y cerró con fuerza. Apoyó las manos en la ventanilla durante un largo minuto. Se maldijo a sí mismo. Dios, cómo la echaba de menos y cómo la odiaba en ese momento.

Entró en el vestíbulo, subió las escaleras y se topó con Christine, que avanzaba por el pasillo vistiendo tan solo un diminuto bikini bajo una camisa abierta que apenas le llegaba a las caderas. Se quedó parado, mirándola fijamente…».

Es difícil explicarla sin contar más de la cuenta. Pero en esta escena Nick hace algo que a primera vista podría no entenderse, sobre todo porque parece un acto que no le pega en absoluto y en general va en contra de nuestra propia naturaleza aceptar algo así; más cuando hemos empatizado con los personajes.

Sé que todo esto suena muy críptico y si no habéis leído la novela no lo vais a entender. Pero aquellos que sí, seguro que la recordáis con claridad ya que es un momento de increíble tensión, en el que ves que va a ocurrir justo eso que temes, que no quieres que pase porque sabes que está actuando bajo un impulso y además está equivocado. En esta escena se dan una serie de circunstancias como el enfado, la venganza, la humillación, el dolor… Y Nick está sufriendo todas y cada una de ellas. No piensa con claridad y se siente dolido, enfadado con todo el mundo y, sobre todo, consigo mismo. En ese instante de confusión, de emociones descontroladas, él toma una decisión que marcará un antes y un después.

Desde mi perspectiva, cada acto que comete desde ese instante es comprensible, le da humanidad y lo convierte en alguien mucho más real, que se equivoca, que se deja llevar por las emociones y reacciona al despecho sin pararse a pensar. Porque Nick no es tan perfecto como parece, porque no deja de ser un chico que no sabe encajar y enfrentar un problema que lo sobrepasa. Desde un punto de vista objetivo era imposible que él se comportara de otro modo y que fuese creíble.

Sí, cuando pienso en la escena que más me ha costado escribir, esta ocupa uno de los primeros puestos. Acerté al incluirla y hacerla de ese modo. Lo sé por la cantidad de reseñas que hablan de ella. No le pasó desapercibida a nadie y, pese a lo criticable que es y ese mal sabor que deja, también la entendían perfectamente y logró que el personaje fuese mucho más humano.
Yo no puedo estar más de acuerdo con la escena seleccionada por María, ya que creo que es de las más potentes que ha escrito. Es una escena, qué sin entrar en spoilers, no deja indiferente a quien la lee. Coincido en que las acciones de Nick en esos momentos lo hacen más humano, y desde luego es algo que no esperas de él. 

Una canción para Novalie es un libro precioso, el cual yo os invito a leer, porque es una novela que se disfruta sin duda alguna. Si aún no lo habéis leído, y queréis echarle un vistazo a la reseña que publiqué, solo tenéis que dar un click aquí para tener más información.

Por suerte, en apenas diez días tendremos en las librerías lo nuevo de María, su novela Rompiendo las reglas. Un libro que seguro que también nos dejará huella. 

¿Qué os parece la nueva sección? Yo estoy muy contenta de iniciarla con una autora que me encanta, y que además ha sido muy generosa escogiendo y comentando la escena. En breve espero traeros nuevas escenas inolvidables. 

Agradecimientos a María Martínez